21 septiembre 2011

Paz


De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, algunas de las acepciones para la palabra paz son:
1. Situación y relación mutua de quienes no están en guerra.
2. Pública tranquilidad y quietud de los Estados, en contraposición a la guerra o a la turbulencia.
3. Tratado o convenio que se concuerda entre los gobernantes para poner fin a una guerra.

 Antiguamente estos periodos eran resultado de un pacto o pago, por eso su etimología latina pax, pacis  procede del verbo pacisci que significa “acordar” o “hacer un trato” y de su participio pactum sale nuestra palabra pacto. 
En latín, pactare significaba también pagar un tributo, obligación que suele tocar a los vencidos al cabo de una guerra. Los romanos, a través de conquistas o acuerdos con otros pueblos, establecían la “pax romana”. En realidad, como vemos, las palabras pueden ser engañosas, ya que “al robo, al engaño y despojo se le llamó imperio y a la desolación, paz” (Tácito).
Si la guerra es una acción, la paz también requiere de acción. Para evitar una guerra se debe trabajar arduamente; de ahí que los romanos hayan fraguado el famoso aforismo de "Si vis pacem, para bellum", Si quieres paz, prepara la guerra. 

                                                Ara pacis o Altar de la paz
Altar construido tras las conquistas de César Augusto y su establecimiento de la "paz".

20 septiembre 2011

La felicidad


La palabra griega para felicidad es “eudaimonía”, compuesta por “eu” que significa bien y “daimon” que significa divinidad. Obtendrá la “eudaimonia” quien lleve un buen espíritu o ánimo; o quien actúe como un dios bueno. A ése se le llamará feliz.
En la antigua Grecia, Platón definió la felicidad como “lograr el equilibrio entre las partes del alma; esto es, vivir de acuerdo con el orden natural”. Sócrates sostiene que es la “imperturbabilidad”, la ataraxia. Según Epicuro, el punto máximo del placer. (Cuando uno llega a este punto, se borran todas las inquietudes y se obtiene una serenidad total).
Según el epicureísmo, esta “eudaimonía” se podía alcanzar por dos vías:
1.     La ausencia de preocupaciones o “ataraxia”
2.    El placer “hedoné” (que no tiene nada que ver con el placer que buscamos hoy día).
“No son los convites ni los banquetes, ni el disfrute de muchachos o mujeres, ni de pescados y otros manjares que pueden darse en una suntuosa mesa los que hacen dulce la vida, sino un sobrio raciocinio que investiga perfectamente los motivos de toda elección y de todo rechazo”.
La palabra felicidad proviene del adjetivo latino felix que significa fecundo; se cree que este adjetivo proviene del verbo felare que significa mamar y la desinencia femenina –ix  (como en actrix), por lo que denominaba a una mujer que amamanta. El adjetivo felix también se aplicaba a la tierra y a los árboles. Es decir, los romanos pensaron que la felicidad la poseía quien fuese fructífero.
                                            Démeter y su cornucopia
La felicidad, a pesar de ser un estado de ánimo, es perseguida por el ser humano, quien querría mantenerla permanentemente, aunque en la realidad no sea posible. Por eso, solemos preguntar ¿eres feliz? (a pesar de cualquier circunstancia) pero jamás preguntaremos ¿eres triste? más bien si estás triste. La diferencia entre el uso del verbo ser o estar expresa justamente este anhelo de perpetuidad.

En fin, pareciera que la idea de felicidad ha cambiado a través de los tiempos. Hoy día, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la felicidad es un estado de ánimo provocado por la posesión de algún bien.
Este bien no necesariamente tiene que ser material. Cuando uno posee bienes intelectuales, espirituales también se es fecundo. Razón, bondad, amor nos hace seres fructíferos. De cualquier forma, espero que cada quien alcance en esta época su propia felicidad, tal cual la conciba su razón o su corazón. 



19 septiembre 2011

Los amantes mariposa


A finales de la Dinastía Tang, el autor Zhang Du, entre 800 y 850, escribió una bella historia de amor. De esas que nos hacen suspirar y desear que alguien nos ame con esa fuerza que es capaz de vencer cualquier obstáculo (al final de cuentas, todos tenemos derecho a fantasear).
Esta antigua leyenda se conoce como Los amantes mariposa. He aquí su historia:
Yingtai desea con toda su alma estudiar literatura, pero este tipo de educación está prohibida para las mujeres, así que se tiene que disfrazar de hombre para poder asistir a la escuela de Hangzhou.
Allí conoce a Shanbo, un “ratón de bibloteca” con quien comparte habitación durante tres años y de quien se enamora perdidamente.
Su padre le pide que regrese a casa urgentemente y ella debe obedecer y dejar a su amado (que es tan despistado que aún no se ha enterado de nada). Durante las primeras 18 millas de su trayecto de regreso a casa, Shanbo la acompaña sin sospechar el secreto de su “hermano del alma”. Yingtai se esfuerza por contarle la realidad de su situación, pero no tiene éxito; así que Shanbo inventa a una hermana con quien pretende que su amigo se case (por supuesta la hermana ficticia es ella misma). 

                                         Ilustración de Benjamin Lacombe

Shanbo visita a su amigo y descubre que es mujer y que están enamorados y que desean pasar el resto de la eternidad juntos. Desgraciadamente, Yingtai ha sido prometida a un rico y viejo caballero, Ma Wencai.
Shanbo muere de tristeza.
El día de la boda, mientras la barca de Yingtai se dirigía a la familia Ma, comenzaron unos vientos y remolinos que impidieron a la barca moverse del sitio al que había llegado: estaba frente a la tumba de Shanbo. Yingtai bajó; lloró y le pidió a la tierra que se abriera. Súbitamente un trueno se escuchó y ella cayó dentro de una grieta que se había abierto a causa de su petición. En pocos instantes, salieron volando un par de hermosas mariposas azules. 
Cabe decir que en algunas culturas se piensa que el alma de los que mueren se metamorfosea en mariposa o en bellos pájaros.


Como vemos, los chinos también tienen su "Romeo y Julieta" o su "Píramo y Tisbe" con todo y metamorfosis. Sin duda, siempre una historia para soñar.

18 septiembre 2011

Píramo y Tisbe, amantes legendarios de la mitología griega y romana


Cuenta el célebre escritor Ovidio en Las metamorfosis que...
dos jóvenes babilonios se enamoraron a pesar de la prohibición de sus padres. Ellos vivían en casas contiguas, así que se podían comunicar a través de una pequeña grieta en la pared de sus casas. Como sólo podían escuchar su voz por está hendidura, sus fantasías y sus deseos fueron creciendo al grado de sentir la necesidad de verse y tocarse; por lo que acordaron huir a la noche siguiente. 
Ellos deberían encontrarse cerca de una fuente, al lado del monumento de Nino. Tisbe salió primero de casa, pero mientras  esperaba a Píramo, una leona llegó a tomar agua de la fuente. La leona venía llena de sangre de su última cacería. Tisbe corrió a esconderse en el hueco de una roca y, en su huída, dejó caer su velo. La leona jugueteó con el velo, manchándolo de sangre. 
Píramo, al llegar, descubrió las huellas y el velo manchado de sangre, y creyó que la leona había matado a Tisbe. Con gran dolor, sacó su puñal y se lo clavó en el pecho. Su sangre tiñó de púrpura los frutos del árbol de mora que se encontraba allí mismo. 
Tisbe, temerosa, salió  de su escondite. En cuanto vió a Píramo con el puñal en el pecho y todo cubierto de sangre, lo abrazó y le sacó el puñal para clavárselo a sí misma. Los padres, conmovidos por esta historia de amor, sepultaron juntos los cuerpos de sus hijos. Los frutos de la morera, desde aquel día, quedaron teñidos de púrpura.

                                                    Fresco de Pompeya
Esta historia dio lugar a otra bella historia de amor conocida por todos en occidente: Romeo y Julieta.

17 septiembre 2011

Encantar

La palabra encantar significa, en primer lugar, "someter a poderes mágicos", y luego, "atraer o ganar la voluntad de alguien por dones naturales" y "gustar en gran medida, agradar mucho". 
En las lenguas modernas, todavía podemos encontrar reminiscencias de la idea sacra de la palabra; por ejemplo, la palabra española encantar (al igual que charmer, en inglés y francés). Originalmente, el "encanto" es un canto o grupo de sonidos rítmicamente pronunciados que sirven de hechizo. Recordemos que tanto “encantar” como charmer provienen de la palabra latina carmen, que significa “canto”, que a su vez proviene de canere “cantar”; los encantamientos se recitaban o cantaban. Otra palabra inglesa que evoca este poder sagrado es spell, que no sólo significa “deletrear”, sino también “hechizar”: al pronunciar claramente cierta palabra, se puede dominar al otro.

Las culturas antiguas tenían la idea de que, a través de la palabra y en una especie de ritual, se constituyó el mundo, porque la palabra tenía un poder sagrado. Bastará con dar una rápida mirada por los libros sagrados de las diferentes religiones, para constatar lo anterior.
El arte de encantar abarcaba diferentes áreas: domar a las serpientes o a otros animales, resucitar a los muertos, matar a los vivos por medio de palabras, inspirar amor o metamorfosear a los hombres en bestias, etc.

La mayoría de los “encantamientos” están documentados en la mitología: Orfeo tocaba la flauta de una manera maravillosa, mejor que los otros pastores; acompañaba su melodía con el canto que entonaba con buena voz;  se dice que los animales, domésticos o salvajes, iban detrás de él. Dado este primer paso, creyeron ya sin gran esfuerzo que Orfeo hacía bailar a las piedras y los árboles. De hacer danzar a las rocas y los abetos, pasaron a edificar ciudades al son de la música.

                                                 Orfeo domando las bestias

Cuenta la mitología que en la construcción del muro de Tebas, mientras su hermano gemelo Zeto tenía que esforzarse en cargar los pesados bloques, Anfión simplemente tocaba su lira de tal manera que las piedras le seguían espontáneamente y se colocaban en su sitio. Desde entonces sólo necesitaron un violín para construir una ciudad y una flauta para destruirla.

Orfeo domó bestias e incluso descendió a los infiernos y convenció al mismísimo Hades de regresar a la vida a su esposa muerta, gracias a su “encanto”.

Así que cada vez que pienses en lo encantadora que parece la persona que se encuentra a tu lado, cerciórate de caerle bien.

16 septiembre 2011

Entusiasmo


La palabra entusiasmo significa etimológicamente el que está poseído por dios, o tiene a dios dentro de sí; el que está inspirado o acompañado por los dioses; ya sea Ares, Pan, Eros u otro cualquiera; es decir, se necesita tener entusiasmo para la guerra, para el amor y cualquier otra actividad humana. Pareciera que los dioses guían al entusiasta con su fuerza y sabiduría para lograr transformar la naturaleza o realidad que les rodea. 
Esta palabra griega significa la emoción o agitación interior; las sacudidas de los nervios, las contracciones violentas del corazón, la perturbación de las entrañas, las contorsiones de la pitonisa de Delfos al momento de recibir el espíritu de Apolo y preparase para pronunciar el oráculo: la posesión del dios.

Pitonisa con la rama de laurel que masticaba
  El oráculo del Templo de Apolo en Delfos era presidido por la Pitonisa o Pitia, una mujer que podía tener hasta 50 años que daba respuestas al consultante.
La Pitonisa se sentaba sobre un trípode colocado en una pequeña habitación llamada aditon, situado al fondo del santuario de Apolo Pitio (lugar sagrado de acceso prohibido, también conocido como sancta sanctorum).
  En el siglo XVII, los deístas ingleses llamaron entusiasmo a cualquier actitud religiosa que mostrara la presencia de Dios en sus criaturas.
Después significó una “especie de fanatismo o deslumbramiento fascinador, especie de poético arrebato, que puede recaer sobre temas políticos, sociales, morales, religiosos, bélicos, democráticos, libres o coercitivos y restrictivos, etc. ; como también sobre individualidades aisladas; todo en el campo de la realidad, o en los espacios de la fantasía”.
 Hoy día, se dice que se pueden inducir esos “trances divinos” a partir de la ingesta de en- teó- genos, sustancias químicas que provocan un estado modificado de conciencia, capaces de provocar la ilusión o sensación de que un dios nos ocupa. Tras una sensación de vértigo y sudor frío viene un gratificante calor unido a un profundo y plácido bienestar; luces brillantes e intensas se manifiestan a la vista, y el tiempo y el espacio habituales desaparecen. Una sensación de haberse unido con el TODO embarga al comensal.
enteógenos en la antigüedad
 Sea un dios o un alucinógeno, este mundo necesita de gente entusiasta para sobrevivir.

13 septiembre 2011

Accidente


La palabra accidente tiene su origen en el término latino accidens- accidentis, participio presente de accidere, suceder; y éste proviene de ad cadere que significa caer. Se refiere a lo que cae hacia uno por casualidad.
De acuerdo con la Real Academia Española (RAE), el concepto hace referencia a la cualidad o estado que aparece en algo, sin que sea parte de su esencia o naturaleza; al suceso eventual que altera el orden regular de las cosas; y al suceso eventual o acción de que, involuntariamente, resulta daño para las personas o las cosas. Puede ser provocado por una acción violenta y repentina ocasionada por un agente externo involuntario y que da lugar a una lesión corporal. 

Así que lo que me ocurrió hace seis meses (13 de marzo de 2011) fue un suceso inesperado, “casual”, que alteró mi vida entera; así como la vida de los seres que me rodean; Causado por un agente externo, quizá, de forma involuntaria.
¿Por qué digo “casual”? De acuerdo con el Devil’s Dictionary el accidente es “An inevitable occurrence due to the action of immutable natural laws” (Un suceso ocurrido debido a la acción de leyes naturales inmutables). Es decir, tenía que ocurrir. Hay quienes afirman que las enfermedades y los accidentes son mensajes del cuerpo para obligar al sujeto a enfocarse en algún aspecto de su vida. Se dice que el ACCIDENTE expresa una necesidad imperiosa de replantearse el camino que hemos seguido hasta ahora. Una solución posible: cambiar de dirección y enfoque lo que estamos haciendo.
Como quiera que sea, un accidente permite un tiempo para la reflexión y ésta da lugar a la aparición de “otro yo” más paciente, más valiente; que llega a conocer a sus seres queridos en muchas de sus facetas, incluso las desagradables; un otro yo que realizará el cambio de rumbo en la vida, pues aprecia la vida de otra manera.
La desgracia que ocasiona el accidente se puede convertir, quizá, en una bendición.


Esto me recuerda a Brhaspati, dios de la progenie hindú que, por miedo a estar solo, se deja CAER para provocar la aparición de su otro yo, su esposa Patni. (En sánscrito, la raíz pat significa caer.)
En fin, en realidad sólo quiero agradecer a Dios porque estoy bien y la vida es hermosa.