28 junio 2012

El coleccionismo en la antigüedad


El coleccionismo en la antigüedad
  
Una vez que el hombre solucionó sus primeras necesidades de alimento, vestido y habitación, se comenzó a agrupar de manera más organizada, dando lugar a las primeras civilizaciones. Dicha revolución urbana trajo consigo la aparición del Estado, de la religión, de nuevas formas de pensamiento y cultura; entre ellas las colecciones, que no sólo han dado prestigio social a quienes las adquieren, sino también han servido como reflejo de esa nueva cultura que fue constituyendo a los pueblos recién surgidos.

En Egipto, a causa de las creencias religiosas de otra vida después de la muerte, los faraones convirtieron sus tumbas en pequeños “museos” (quizá a ello se deba la idea de silencio y respeto que hasta hace poco han inspirado los museos del mundo). Pero esta acumulación de objetos no se limitó a la vida de ultratumba; también los templos y palacios se vieron adornados con bellas piezas.

                                                 Tumba de Tutankamón

Otro ejemplo de colección de tipo funerario se dio en “El tesoro de Atreo” en Micenas (1200 a.C.), ejemplo sobresaliente de las tumbas de cámara o tholos, que sirvió como centro de acumulación de piezas artísticas. La tumba se podía visitar desde la antigüedad, como un lugar de almacenamiento de las riquezas de los príncipes. 

    
"Tesoro de Atreo"

           En Asiria, civilización bélica por excelencia, las colecciones se formaban con los botines de guerra, con el fin de enorgullecer a su pueblo por el triunfo obtenido. Asurbanipal, también conocido como Sardanápalo (668-627 a.C.), uno de los pocos reyes de la antigüedad que sabía leer y escribir, construyó, además, la biblioteca más antigua del mundo, donde reunió una colección de más de veinte mil textos en tablillas cuneiformes de arcilla. Más tarde, otro rey llamado Nabucodonosor convirtió su palacio en Babilonia en el primer ejemplo de un museo en la historia, reconocido como el "gabinete de las maravillas de la humanidad". Almacenaba obras de los diversos pueblos asentados en Mesopotamia.

        Pero las “obras de arte” no sólo fueron botín de guerra. En Creta, pequeña isla del Mediterráneo dedicada más a los placeres que a la guerra, se desarrolló una industria de producción masiva de obras de arte destinadas al comercio. Los fenicios se encargaron de su distribución en las ciudades situadas a lo largo de todo el Mar Mediterráneo, y así comenzó el gusto por coleccionar el arte de otras culturas.

En Grecia, se utilizaron los peristilos de los templos para guardar las colecciones de arte. Los sacerdotes no sólo custodiaban las obras, sino también las inventariaban. El Templo de Delfos, ciudad de los oráculos, el templo de Juno en Samos y la Acrópolis de Atenas guardaban un precioso legado cultural en sus pórticos. En la Acrópolis se construyó la primera galería de pintura o Pinacoteca, donde se reunía pintura, escultura, trofeos, estandartes, etc.

                                    Tesoro de los Atenienses (Delfos)

Roma coleccionaba las imágenes de los dioses de los pueblos vencidos y las colocaba en el Panteón (templo de todos los dioses). Al regreso de las batallas, solían exhibir los objetos saqueados para mostrar el triunfo que habían logrado los ejércitos en las guerras, y que la ciudad entera se sintiera orgullosa de su victoria. Algunos romanos también se llevaron piezas del botín a sus casas, comenzando así el “coleccionismo privado”. 

                                                      Villa Adriana

El nombre de Museo fue utilizado por primera vez en Alejandría. Ptolomeo II funda un centro cultural de investigación llamado “mouseion”. Éste comprendía una gran biblioteca, salas de reunión, laboratorios, un santuario dedicado a las musas, adornado con estatuas de las diosas, un altar, un jardín, y diversas habitaciones. El “mouseion” tenía como rector a un sacerdote que combinaba la vida religiosa con la ciencia y la literatura. Después de todo el nombre aludía a las musas, que bajaron a la tierra para inspirar y crear el arte, el saber y la elocuencia.

Actualmente, los museos siguen dando prestigio a las ciudades donde se construyen. Ahí se exhiben colecciones de objetos artísticos, científicos o históricos que muestran la cultura y las tradiciones de distintos pueblos y épocas. Mnemosyne, la memoria y madre de las musas; se encarga de proteger este sagrado templo que nos permite contemplar, por un momento, los valores de los pueblos que producen los objetos coleccionados.