14 marzo 2013

Monstruos

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Monstruos


Hoy día, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la palabra “monstruo” como “un ser fantástico que causa espanto”.
La forma más común de inventar monstruos es mediante la combinación de hombres y animales –aunque existen animales fantásticos conformados sólo por partes de animales como el unicornio o Pegaso, el caballo alado, o el dragón y la quimera–. La Grecia antigua se ha encargado de heredarnos un gran número de seres fantásticos. ¿Quién no ha escuchado hablar del Minotauro, ser mitad hombre y toro; o de las Gorgonas que tenían serpientes en lugar de cabellos; o de las arpías, horrendas mujeres con cuerpo de ave de rapiña, orejas de oso y afiladas garras; o de los centauros, seres híbridos conformados por el torso de hombre y cuerpo de caballo; y no podemos olvidar mencionar a las sirenas, mujeres hermosas con alas de ave o cola de pescado.  

                                                                    Centauro

En la antigüedad, se creía que los monstruos no provenían de la imaginación, sino que eran de procedencia divina. Bastaría con dar un vistazo al panteón[1] egipcio, para darnos cuenta de que sus dioses tenían el cuerpo de hombre y cabeza de animal (Amón tenía la cabeza de ternero; Anubis, de chacal; Bastis, de gata; Apis, de buey, etc.).

                Sekhmet, la diosa leona (forma encolerizada de Bastet, la diosa gata).

Las palabras con las que nombramos a estos seres nos recuerdan, en sus significados primitivos, las funciones o las cualidades que tenían estos personajes. Cuando hablamos de animales fantásticos, hablamos del asombro que provocan ante la mirada, pues son seres que se manifiestan, se aparecen, se muestran. Eso es lo que significa la raíz griega que conforma la palabra fantasía. El mismo significado que tiene la palabra monstruo, sólo que de procedencia latina. Monstrare significa mostrar, y procede de monere que significa avisar o advertir.

La aparición de los monstruos era vista, pues, como el deseo de los dioses por enviar una advertencia a los hombres. Algunos escritores como Cicerón y Sextus Pompeius, en sus libros Sobre la Naturaleza de los dioses y Sobre el significado de las palabras, respectivamente, escriben acerca del monstruo, que "monstrat futurum, monet voluntatem deorum", es decir, muestra el futuro y advierte la voluntad de los dioses.

Algunos de los seres fantásticos más interesantes en el ámbito religioso son los sátiros, criaturas mitad hombre y mitad carnero, con orejas puntiagudas, cuernos en la cabeza, cola de macho cabrío y falo permanentemente erecto. Eran criaturas salvajes, de sexualidad desmedida, símbolo de lascividad y embriaguez. 

                                                                    Satiro

Uno de los sátiros más “divinos” fue el llamado "Pan", mezcla de hombre con cabra. Representaba a toda la naturaleza salvaje. De su nombre proviene la palabra pánico, abreviación de deima panikon (terror causado por Pan), ya que se le atribuían los ruidos de truenos que se escuchaban en montañas y valles y que asustaban a las manadas, a los campesinos y a los pastores. También se le atribuían dones proféticos (cumpliendo con su misión de monstruo). 

Pan

A su muerte, por ser una deidad tan importante, todos los animales, plantas y rocas lloraron y gritaron a causa de su partida. Desapareció el culto a los dioses de la naturaleza y apareció una nueva era con el culto cristiano, que convirtió a Pan en el mismísimo diablo, para alejar a la población del culto pagano.

Lo que en tiempos antiguos era merecedor de rituales y cultos, pues ayudaba a los hombres con sus advertencias, hoy día, no sólo nos parece producto de la imaginación, sino también, nos provoca un enorme temor en las pesadillas.






[1] El panteón es el conjunto de dioses de una mitología politeísta.

04 marzo 2013

El Sexo en el Mundo Antiguo.



El sexo en el Mundo Antiguo

Hablar de sexo es hablar de creación, hablar de cosmogonía. Las culturas antiguas de Oriente vivían el sexo como un goce sagrado, indispensable para alcanzar la inmortalidad. 
En Egipto, se consideraba que el sexo era el origen de todo, incluso del universo. El faraón, representante divino, tenía como tarea fundamental masturbarse en las aguas del Nilo, una vez al año, para propiciar la crecida del río y traer, así, fertilidad a su pueblo, por lo que su propia fertilidad era de suma importancia, ya que era el símbolo supremo de ella. Sabemos, por ejemplo, que Ramsés II tuvo más de 100 hijos.
       De acuerdo con la cosmogonía heliopolitana, el dios Itemu o Atum surgió del océano primigenio y, por medio de la masturbación, engendró a Ra, quien creó a los demás dioses, entre ellos a Nut y Geb, cielo y tierra, cuya actividad sexual dio lugar al mundo. En algunos papiros, Geb aparece haciendo autofelación lo cual representa la regeneración de la tierra. El faraón era el único que podía observar estas representaciones sagradas.

                                                                    Nut y Geb
Así como el faraón, la gente común llevaba una vida sexual y erótica plena. En las tumbas, en las casas y en las cuevas, se ha encontrado gran cantidad de imaginería erótica, penes de madera (probablemente para rituales de fecundidad) y textos eróticos. El sexo no era un tema tabú, pues no era un pecado, formaba parte importantísima de la vida doméstica de los egipcios.
Lo que conocemos hoy día como depravación sexual no estaba criminalizada, el adulterio era común, existía el divorcio, las personas se casaban 3 o 4 veces, la virginidad no era importante, los hombres llevaban a sus casas otras mujeres durante el embarazo de sus esposas. Todo esto era normal. Lo importante era ser fértil y tener muchos hijos (debemos de recordar que había un índice de mortalidad muy alto). Incluso la homosexualidad aparecía en los textos. La preocupación por la fertilidad no cesaba con la muerte, ya que ellos esperaban que la actividad sexual siguiera en el más allá.
En China, el sexo no era un hecho que inspirase temor o culpa, más bien era un acto de culto y veneración que conducía a la inmortalidad. Incluso proliferaron unos manuales para alcanzar el éxtasis del goce sexual. No sólo en China y en Japón, incluso en la India aparecieron estos textos sagrados del erotismo: el famoso Kama Sutra, que enseña las maneras de convertir el goce de la sexualidad en una experiencia casi mística. En el manual Taoísta del s. II, se afirmaba que después de 1200 relaciones sexuales, el emperador se volvía inmortal.


Del otro lado del mundo, la cosmogonía de los mexicas también consideraba al sexo como creador de su propio mundo. Para ellos, las corrientes frías del inframundo se encontraron con las calientes del cielo y dio inicio el acto sexual, que se confundió con la guerra. El producto de este encuentro fue el tiempo. Es decir, el tiempo apareció entre la tierra y el cielo, justo donde la humanidad se desarrolló, en la fertilidad.

La historia en Occidente fue muy diferente. Para Grecia, a pesar de que también existía un vínculo con lo sagrado a través del sexo (por ejemplo en la prostitución sagrada), las relaciones de pareja se dieron bajo el signo del sometimiento: los hombres se convertían en guardianes de castidad de las mujeres, las encerraban para evitar un adulterio o que se relacionaran con hombres de otras pólis. Tenían la creencia de que la sexualidad femenina necesitaba domesticación, por eso casaban a las jovencitas con hombres mayores y el embarazo ayudaba a someterlas.

La mujer comenzó a ser una mercancía de intercambio, pues para casarla, los padres la entregaban con una dote para asegurar su futuro, con lo que se incrementaban los bienes familiares. Se instituyó la familia como algo sagrado y el matrimonio se convirtió en un ritual. El día de la boda era el más triste de la vida de una mujer. Una vez casada, quedaba encerrada y aislada de la sociedad, encargada de producir hijos. Las relaciones sexuales constituían un acto traumático. Se trataba más bien de abducción y no de seducción.

En cambio, los hombres tenían derecho y libertad para gozar abiertamente de los placeres. Acudían al gimnasio en busca de la perfección mental y física. El varón ideal había sido creado para la contemplación de los otros hombres. Los hombres mayores tenían amantes jóvenes a quienes ayudaban a madurar. Los griegos fueron la primera civilización que acepto la “homosexualidad” abiertamente y ésta se convirtió en norma en la vida cotidiana.


Roma, en cambio, prestó especial atención a sus mujeres. Incluso escribieron manuales para lograr el orgasmo femenino, como El arte de amar de Publio Ovidio Nasón; sin embargo, como civilización, fomentó la aparición de numerosos grupos de prostitutas y lupanares. Incluso la prostitución se convirtió en moneda, pues era práctica común pagar las deudas con servicio sexual.


 Parece ser que en Occidente le arrebataron a la mujer la posibilidad de experimentar, a través del sexo, el placer sagrado, el éxtasis místico que conlleva a la inmortalidad, y la convirtieron en prisionera o en prostituta. Ojalá algún día, la mujer logre deshacerse totalmente de estas etiquetas.