30 abril 2013

Adivinación en la Antigua China

Adivinación en la Antigua China.
¿Quién no ha deseado conocer su futuro? Existen muchas formas[1]de averiguar qué nos depara el DESTINO.

Todas los pueblos han intentado adivinar el futuro. En la antigüedad, la adivinación se practicaba con fines bélicos, agrícolas, médicos, amorosos, sociales y rituales. Para los chinos antiguos, la realidad estaba tejida por una red invisible de causalidades. Se pensaba que el universo, a traves de símbolos, se comunicaba con el hombre, con el fin de proporcionarle el conocimiento del porvenir, pues la naturaleza funciona como espejo del cielo; de ahí el famoso dicho de “ así arriba como abajo”. La realeza antigua china era la única que podía practicar los ritos de adivinación, pues pudieron desarrollar la contemplacion meditativa y naturalista, y se convirtieron en el medio de comunicación del universo. Fue especialmente en la tradición taoísta[2] donde la contemplación de la naturaleza alcanzó su máximo esplendor. 

En un principio (3000 a. C.), el adivino o chamán escribía la fecha, su nombre y la consulta hecha en un hueso o caparazón de tortuga; luego le untaba sangre; posteriormente se calentaba el hueso hasta que se fragmentaba; la forma de las grietas o roturas era interpretada por el adivino para responder a las preguntas realizadas. Generalmente, se pensaba que eran los antepasados los que ayudaban a despejar las incógnitas. Más tarde, cambiaron a huesos de buey, y añadieron la respuesta escrita en el hueso. Se han encontrado más de cien mil “huesos oraculares” que permiten a los arqueólogos estudiar la escritura china en sus primeras manifestaciones. 

                                             Hueso oracular

A partir del primer milenio a.C., los adivinos comenzaron a utilizar los tallos de la planta aquilea, mejor conocida como milenrama. Los tallos podían aparecer enteros o cortados por la mitad. Se formaban figuras de tres rayas, llamados trigramas. Combinando los ocho tipos diferentes de trigramas podían generarse a su vez sesenta y cuatro hexagramas. Los adivinos interpretaban dichos hexagramas, siguiendo las explicaciones contenidas en el Libro de las Mutaciones, mejor conocido como I Ching (libro adivinatorio, moral, filosófico y cosmogónico). Su tema es el tiempo, y lo que acontece con él: los cambios, las transformaciones y las mutaciones. Lo interesante del I Ching es su capacidad de sintetizar, en tan sólo 64 imágenes o hexagramas, arquetipos tanto internos como externos que construyen al ser humano –psicológica y socialmente hablando–. 

             Tabla para ubicar el hexagrama resultante


La filosofía del I Ching supone un universo regido por el principio del cambio y la relación dialéctica entre los opuestos (yin- yang). La interacción de estos dos elementos genera todos los cambios que deben interpretarse como el movimiento del Tao. Los cambios en la vida humana se suceden de manera cíclica, como las estaciones del año, el día y la noche, las semanas, los meses y los años. 

Los hexagramas representan los “arquetipos cósmicos”, según Carl Gustave Jung, fundador de la psicología analitica, y simbolizan las situaciones posibles de la vida humana entre el Cielo y la Tierra. Explican cómo esos dos principios entran en armonía o en conflicto, y cómo transitan uno hacia el otro, provocando la transformación. 

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Ch’ien o el Cielo                                    __________
Hexagrama 1 en el I Ching                   __________
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El primero de los símbolos se denomina Ch´ien o lo Creativo. Su aspecto es el principio masculino llamado Yang. Su imagen es el Cielo, y se refiere al proceso engendrador en el cual el Cielo inspira al hombre noble (correspondiente al héroe clásico) a restablecer la armonía en la Tierra y conservarla, con ayuda de la Virtud. Convierte al hombre común en un hombre noble.
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K’un o la Tierra                                                                 ___  ___
Hexagrama 2 en el I Ching                                               ___  ___
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El segundo se llama K´un o lo Receptivo y su imagen es el polo contrario de la creación: la Tierra que pare. El símbolo sugiere una entrega total. El hombre noble debe, pues, entregarse a su destino. El símbolo K´un está constituido por seis líneas cortadas consideradas Yin, lo femenino.

El I Ching plantea al consultor las causas del estado en que se encuentra y lo que puede hacer al respecto para afrontar sus problemas de manera honorable. Cada quien toma su decisión final, haciéndose responsable de su propio destino; lo que resulta paradójico, si recordamos que para hacer una lectura se debe de lanzar al aire dos monedas, seis veces consecutivas, y trazar las líneas correspondientes de acuerdo con la forma en que caen las monedas (líneas enteras o quebradas que dan las distintas imágenes de los hexagramas). 

Todos los elementos utilizados en la consulta oracular están llenos de simbolismo. Las monedas con las que se logra trazar el hexagrama son circulares porque representan el principio creativo del yang (Ch'en o Cielo), mientras que el orificio cuadrado simboliza el principio del yin, el espacio limitado de la Tierra receptiva (K'un). Esto nos recuerda que el I Ching también es un libro cosmogónico; es decir, nos relata el origen del mundo.


Todos necesitamos una guía para sobrevivir este caótico mundo. Algunos acuden a la religion; otros, a la filosofía; otros a la política y el derecho, pero algunos prefieren acercarse a la magia o consultar su destino por medios místicos como el Tarot, la quiromancia, o la lectura del I Ching. Confucio mismo decía: “Si el cielo me pudiera dar otros 50 años de vida, los dedicaría al estudio del I Ching y quizás entonces aprendería a mantenerme alejado de los problemas”.
Se dice que los chinos inventaron la brújula para orientarse en el mundo y el Libro de las Mutaciones o I Ching para orientarse en la vida.


[1] Existe una gran variedad de adivinaciones. Van desde la lectura del café, los sueños, el vuelo de las aves, las líneas de la mano, el aire, los espejos, etc., hasta la interpretación de las entrañas de los seres humanos. ¡!
[2] El Tao es el aspecto fundamental del universo, orden natural de la existencia, que en realidad no puede ser nombrado.

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