09 enero 2012

Fetiche


FETICHE
La palabra en castellano proviene del adjetivo latino facticius cuyo significado es hecho a mano. Facticius a su vez proviene del verbo facere que significa hacer. De acuerdo con el vocabulario español-latino de Antonio de Nebrija (1495), a finales del siglo XV, el adjetivo dio lugar a la palabra hechizo con el significado de una artificio supersticioso de que se valen los hechiceros. Los vocablos ‘hechicero’ y ‘hechizo’ pasaron al portugués como feiticeiro y feitiço. Esta segunda palabra portuguesa pasó al francés como fetiche en el siglo XVII, con el significado de objeto de hechicería africana, tales como amuletos y talismanes, fabricados por pueblos primitivos y, finalmente, reingresó al castellano como fetiche, con este mismo significado. 

                                                               Fetiche del Congo

Más tarde, el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, retomó la palabra fetichismo para referirse a “ciertos fenómenos observados en su práctica clínica, en los cuales el interés sexual de algunos pacientes aparecía desplazado hacia objetos vinculados indirectamente a su objeto sexual, tales como prendas de ropa, mechones de cabello, etcétera”.

Hombres y mujeres eligen parte de la anatomía humana como objeto de culto: En Occidente, los hombres prefieren pechos y nalgas; las mujeres,  manos, nalgas y torso. Los objetos más deseados son los zapatos, las medias y la ropa interior.

Al parecer, en Oriente, el culto erótico se establece alrededor de otras partes del cuerpo: pies para China, nuca para Japón. En China, ha llegado a obsesionar tanto este culto que adquirieron la costumbre de vendarse los pies para que éstos permanezcan pequeños y delicados, a pesar de representar un grave problema incluso para caminar.

No sólo las tradiciones afectan el mundo erótico, la tecnología también ha tocado el mundo del erotismo y del amor. En Tokio, desde 1999, han proliferado las compañías que ofrecen como artículo erótico de lujo a las mujeres-muñeca, conocidas popularmente como love dolls. Los hombres pagan por ellas hasta 6000 dólares. Las muñecas tienen huesos articulados, una piel suave y sus pupilas se dilatan cuando las miras a los ojos. Parece increíble pensar que cada año hay 10000 nuevos consumidores.


El fetichismo, pues, ha ido cobrando terreno en nuestro mundo contemporáneo; quizá el amor sólo exista en la imaginación y sea parte de la magia que todos podemos tener.

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