27 agosto 2012

La serpiente, ¿animal sagrado o animal maldito?


La serpiente, ¿animal sagrado o animal maldito?

Es común encontrar dos caras a la misma moneda. A esto se le conoce como dualidad; es decir, la existencia de dos caracteres distintos en la misma persona o cosa. Tal es el caso de la visión mitológica que tenemos de la serpiente. La serpiente es uno de los animales más misteriosos y fascinantes del mundo.

La serpiente es representada con carácter ambivalente: por un lado, es un animal sagrado, no sólo porque represente la resurrección (a causa de su cambio de piel); sino también porque proporciona múltiples beneficios al hombre, gracias a los diferentes medicamentos que se extraen de ella (basta recordar que en el símbolo de la medicina aparecen dos serpientes enroscadas alrededor de un báculo); por otro lado, es un animal maldito por relacionarse con la muerte y el inframundo.

En Egipto, la serpiente Apep, llamada también Apofis, representa las fuerzas maléficas que habitan el Duat (inframundo de la mitología egipcia, lugar donde se llevaba a cabo el juicio de Osiris). Era una serpiente gigantesca, indestructible y poderosa, cuya función consistía en evitar que amaneciera y saliera el Sol; y así destruir a Maat u orden cósmico. Diariamente luchaba para interrumpir a Ra en su recorrido en el barco solar. Pero Apofis era un mal necesario para que el ciclo solar se pudiera dar cotidianamente y el mundo perviviera. Además una especie en particular, la cobra, representaba al sol mismo (uraeus), símbolo de resurrección, y animal protector de los faraones. 


Entre los cretenses, civilización con características matriarcales, la diosa más importante era la diosa madre Tierra. Ella solía llevar como atributo varias serpientes, con lo que se caracterizaba como diosa terrestre, dadora de vida. 


Al igual que la Coatlicue en el mundo mexica, la diosa madre, conformada por dos serpientes encontradas como cabeza y varias serpientes en su vestimenta; de ahí que su nombre signifique la de la falda de las serpientes. Esta diosa, a pesar de ser dadora de vida, era considerada terrible.


Pero también existe, para los mismos griegos, el mito de la destrucción de la serpiente Pitón, un verdadero monstruo, hija de Gea. Su misión, encomendada por la celosa Hera, era aniquilar a Apolo y Artemisa en cuanto nacieran. La serpiente Pitón fue destruida por Apolo, quien se apropió de las características oraculares de la serpiente.

Tiamat, para los sumerios, era una serpiente enorme que simbolizaba el caos y el mar mismo. El héroe Marduk vence a la serpiente y corta su cuerpo a la mitad: con una parte conforma el cielo y con la otra, la tierra; es decir, que con el cadáver de este animal representante del caos, crea el orden del mundo. 


Para el pueblo de la antigua Tenochtitlán, uno de sus principales dioses era  Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. Divinidad conocida en las antiguas ciudades mayas, con el nombre de Kukulkan (o Gucumatz, dios creador del universo según el Popol Vuh). Estas culturas antiguas consideraban que todo  el universo tiene una naturaleza dual, por lo que concibieron a Quetzalcóatl como un dios dual que por un lado crea el mundo y, por el otro, lo destruye tomando la forma de Tezcatlipoca.


Es interesante darnos cuenta de cómo funciona la dualidad en las cosas: no todo es del todo malo o del todo bueno. El monstruo que aterra, puede fungir como un amuleto apotropaico; es decir, para alejar el mal. Tal es el caso de la gorgona Medusa, que tiene un aspecto terrible con esas serpientes por cabello, y que convierte en piedra a aquél que ose mirarla a los ojos y, sin embargo, su imagen era colocada en puertas y ventanas para alejar a los malos espíritus.

Para el mundo occidental actual, se ha permeado la idea de que las cosas son buenas o son malas. De acuerdo con el mito Adámico, la serpiente es maldecida por Dios, por ser la responsable de que el ser humano haya perdido el favor de Dios y haya sido expulsado del paraíso. Es curioso como pasó de ser un símbolo de la resurrección y la vida eterna a un símbolo del mal. De arrastrarse por ser una característica natural de este animal terrestre, a ser consecuencia de una maldición divina. De ser compañera de las diosas madres o apoyo de los dioses, a esperar ser pisoteada y vencida por la madre de Dios.


22 julio 2012

Preguntar y subastar


Preguntamos para investigar, indagar sobre los asuntos que nos interesan. En tiempos antiguos, entre los griegos, apareció la palabra kontos que significaba vara, palo o lanza (posteriormente contus en latín). Para indagar la profundidad de las lagunas, introducían una vara o kontos, y llamaron este método percontare, que significa indagar por medio de una vara. Con el paso del tiempo, la palabra evolucionó a preguntar y significó solo indagar. 

Otra palabra que tiene en su origen una lanza es el vocablo subasta: sub= debajo y hasta= lanza, asta. Los inmuebles propiedades del Estado y los tesoros tomados como botines de guerra eran marcados con una lanza. En algún momento se tenía que vender lo que estaba marcado por la lanza (sub hasta vendere). Con el tiempo subastar significó sólo vender; cualquiera podía subastar. Al principio, se enterraba una lanza en el piso y en la parte inferior se acomodaban las mercancias para vender. Después la lanza se olvidó.


20 julio 2012

Obedecer

Obedecer


Cuando das órdenes, esperas que te obedezcan. Y, si no lo hacen, preguntas: ¿No me escuchaste? Para obedecer, lo primero que necesitamos es escuchar y comprender la orden. La palabra obedecer proviene del latín obedire, conformada por ob + audire (que en español se convirtió en oír). Obedire significa dar oídos, por lo tanto creer, estar de acuerdo (acordar= tener próximos los corazones). Hay una frase que dice “A palabras necias, oídos sordos”; es decir, esas palabras no se escuchan, no se les da crédito, no se esta de acuerdo con ellas.

Otra palabra que alude al oído es el vocablo absurdo (ab+surdus= sordo). Un hombre absurdo es, por supuesto, aquél que es incapaz de entender al mundo, pues está sordo frente a él.


19 julio 2012

Añorar



¿Cuántas veces nos alejamos de las personas que amamos y comenzamos a añorarlas o extrañarlas?
Esto es debido a que sufrimos por la ausencia, la privación de esos seres tan queridos. Ignoramos lo que les sucede. Habituados a conocerlos en el pasado; se vuelven extraños a nuestros ojos.
La palabra añorar viene del latín ignorare; significa no saber, no conocer (i, in= no, gnoscere saber). Nos volvemos ignorantes del mundo que solíamos conocer. Esa persona se convierte en un extraño para nosotros.
Añorar es, pues, un sinónimo de extrañar. Ambas palabras se refieren al dolor que causa el ver como un extraño o ajeno a nosotros, a la persona que una vez quisimos tanto... y entonces, sufrimos de nostalgia (dolor (algia) ocasionado por el deseo de regresar (nosto) a vivir como en el pasado. Así como Odiseo, quien padeció, durante 20 años, de nostalgia; añorando a su adorada Penélope; sin saber qué habría sido de su amada durante su larga ausencia.
                       Odiseo y Penélope


28 junio 2012

El coleccionismo en la antigüedad


El coleccionismo en la antigüedad
  
Una vez que el hombre solucionó sus primeras necesidades de alimento, vestido y habitación, se comenzó a agrupar de manera más organizada, dando lugar a las primeras civilizaciones. Dicha revolución urbana trajo consigo la aparición del Estado, de la religión, de nuevas formas de pensamiento y cultura; entre ellas las colecciones, que no sólo han dado prestigio social a quienes las adquieren, sino también han servido como reflejo de esa nueva cultura que fue constituyendo a los pueblos recién surgidos.

En Egipto, a causa de las creencias religiosas de otra vida después de la muerte, los faraones convirtieron sus tumbas en pequeños “museos” (quizá a ello se deba la idea de silencio y respeto que hasta hace poco han inspirado los museos del mundo). Pero esta acumulación de objetos no se limitó a la vida de ultratumba; también los templos y palacios se vieron adornados con bellas piezas.

                                                 Tumba de Tutankamón

Otro ejemplo de colección de tipo funerario se dio en “El tesoro de Atreo” en Micenas (1200 a.C.), ejemplo sobresaliente de las tumbas de cámara o tholos, que sirvió como centro de acumulación de piezas artísticas. La tumba se podía visitar desde la antigüedad, como un lugar de almacenamiento de las riquezas de los príncipes. 

    
"Tesoro de Atreo"

           En Asiria, civilización bélica por excelencia, las colecciones se formaban con los botines de guerra, con el fin de enorgullecer a su pueblo por el triunfo obtenido. Asurbanipal, también conocido como Sardanápalo (668-627 a.C.), uno de los pocos reyes de la antigüedad que sabía leer y escribir, construyó, además, la biblioteca más antigua del mundo, donde reunió una colección de más de veinte mil textos en tablillas cuneiformes de arcilla. Más tarde, otro rey llamado Nabucodonosor convirtió su palacio en Babilonia en el primer ejemplo de un museo en la historia, reconocido como el "gabinete de las maravillas de la humanidad". Almacenaba obras de los diversos pueblos asentados en Mesopotamia.

        Pero las “obras de arte” no sólo fueron botín de guerra. En Creta, pequeña isla del Mediterráneo dedicada más a los placeres que a la guerra, se desarrolló una industria de producción masiva de obras de arte destinadas al comercio. Los fenicios se encargaron de su distribución en las ciudades situadas a lo largo de todo el Mar Mediterráneo, y así comenzó el gusto por coleccionar el arte de otras culturas.

En Grecia, se utilizaron los peristilos de los templos para guardar las colecciones de arte. Los sacerdotes no sólo custodiaban las obras, sino también las inventariaban. El Templo de Delfos, ciudad de los oráculos, el templo de Juno en Samos y la Acrópolis de Atenas guardaban un precioso legado cultural en sus pórticos. En la Acrópolis se construyó la primera galería de pintura o Pinacoteca, donde se reunía pintura, escultura, trofeos, estandartes, etc.

                                    Tesoro de los Atenienses (Delfos)

Roma coleccionaba las imágenes de los dioses de los pueblos vencidos y las colocaba en el Panteón (templo de todos los dioses). Al regreso de las batallas, solían exhibir los objetos saqueados para mostrar el triunfo que habían logrado los ejércitos en las guerras, y que la ciudad entera se sintiera orgullosa de su victoria. Algunos romanos también se llevaron piezas del botín a sus casas, comenzando así el “coleccionismo privado”. 

                                                      Villa Adriana

El nombre de Museo fue utilizado por primera vez en Alejandría. Ptolomeo II funda un centro cultural de investigación llamado “mouseion”. Éste comprendía una gran biblioteca, salas de reunión, laboratorios, un santuario dedicado a las musas, adornado con estatuas de las diosas, un altar, un jardín, y diversas habitaciones. El “mouseion” tenía como rector a un sacerdote que combinaba la vida religiosa con la ciencia y la literatura. Después de todo el nombre aludía a las musas, que bajaron a la tierra para inspirar y crear el arte, el saber y la elocuencia.

Actualmente, los museos siguen dando prestigio a las ciudades donde se construyen. Ahí se exhiben colecciones de objetos artísticos, científicos o históricos que muestran la cultura y las tradiciones de distintos pueblos y épocas. Mnemosyne, la memoria y madre de las musas; se encarga de proteger este sagrado templo que nos permite contemplar, por un momento, los valores de los pueblos que producen los objetos coleccionados.