19 julio 2012

Añorar



¿Cuántas veces nos alejamos de las personas que amamos y comenzamos a añorarlas o extrañarlas?
Esto es debido a que sufrimos por la ausencia, la privación de esos seres tan queridos. Ignoramos lo que les sucede. Habituados a conocerlos en el pasado; se vuelven extraños a nuestros ojos.
La palabra añorar viene del latín ignorare; significa no saber, no conocer (i, in= no, gnoscere saber). Nos volvemos ignorantes del mundo que solíamos conocer. Esa persona se convierte en un extraño para nosotros.
Añorar es, pues, un sinónimo de extrañar. Ambas palabras se refieren al dolor que causa el ver como un extraño o ajeno a nosotros, a la persona que una vez quisimos tanto... y entonces, sufrimos de nostalgia (dolor (algia) ocasionado por el deseo de regresar (nosto) a vivir como en el pasado. Así como Odiseo, quien padeció, durante 20 años, de nostalgia; añorando a su adorada Penélope; sin saber qué habría sido de su amada durante su larga ausencia.
                       Odiseo y Penélope


28 junio 2012

El coleccionismo en la antigüedad


El coleccionismo en la antigüedad
  
Una vez que el hombre solucionó sus primeras necesidades de alimento, vestido y habitación, se comenzó a agrupar de manera más organizada, dando lugar a las primeras civilizaciones. Dicha revolución urbana trajo consigo la aparición del Estado, de la religión, de nuevas formas de pensamiento y cultura; entre ellas las colecciones, que no sólo han dado prestigio social a quienes las adquieren, sino también han servido como reflejo de esa nueva cultura que fue constituyendo a los pueblos recién surgidos.

En Egipto, a causa de las creencias religiosas de otra vida después de la muerte, los faraones convirtieron sus tumbas en pequeños “museos” (quizá a ello se deba la idea de silencio y respeto que hasta hace poco han inspirado los museos del mundo). Pero esta acumulación de objetos no se limitó a la vida de ultratumba; también los templos y palacios se vieron adornados con bellas piezas.

                                                 Tumba de Tutankamón

Otro ejemplo de colección de tipo funerario se dio en “El tesoro de Atreo” en Micenas (1200 a.C.), ejemplo sobresaliente de las tumbas de cámara o tholos, que sirvió como centro de acumulación de piezas artísticas. La tumba se podía visitar desde la antigüedad, como un lugar de almacenamiento de las riquezas de los príncipes. 

    
"Tesoro de Atreo"

           En Asiria, civilización bélica por excelencia, las colecciones se formaban con los botines de guerra, con el fin de enorgullecer a su pueblo por el triunfo obtenido. Asurbanipal, también conocido como Sardanápalo (668-627 a.C.), uno de los pocos reyes de la antigüedad que sabía leer y escribir, construyó, además, la biblioteca más antigua del mundo, donde reunió una colección de más de veinte mil textos en tablillas cuneiformes de arcilla. Más tarde, otro rey llamado Nabucodonosor convirtió su palacio en Babilonia en el primer ejemplo de un museo en la historia, reconocido como el "gabinete de las maravillas de la humanidad". Almacenaba obras de los diversos pueblos asentados en Mesopotamia.

        Pero las “obras de arte” no sólo fueron botín de guerra. En Creta, pequeña isla del Mediterráneo dedicada más a los placeres que a la guerra, se desarrolló una industria de producción masiva de obras de arte destinadas al comercio. Los fenicios se encargaron de su distribución en las ciudades situadas a lo largo de todo el Mar Mediterráneo, y así comenzó el gusto por coleccionar el arte de otras culturas.

En Grecia, se utilizaron los peristilos de los templos para guardar las colecciones de arte. Los sacerdotes no sólo custodiaban las obras, sino también las inventariaban. El Templo de Delfos, ciudad de los oráculos, el templo de Juno en Samos y la Acrópolis de Atenas guardaban un precioso legado cultural en sus pórticos. En la Acrópolis se construyó la primera galería de pintura o Pinacoteca, donde se reunía pintura, escultura, trofeos, estandartes, etc.

                                    Tesoro de los Atenienses (Delfos)

Roma coleccionaba las imágenes de los dioses de los pueblos vencidos y las colocaba en el Panteón (templo de todos los dioses). Al regreso de las batallas, solían exhibir los objetos saqueados para mostrar el triunfo que habían logrado los ejércitos en las guerras, y que la ciudad entera se sintiera orgullosa de su victoria. Algunos romanos también se llevaron piezas del botín a sus casas, comenzando así el “coleccionismo privado”. 

                                                      Villa Adriana

El nombre de Museo fue utilizado por primera vez en Alejandría. Ptolomeo II funda un centro cultural de investigación llamado “mouseion”. Éste comprendía una gran biblioteca, salas de reunión, laboratorios, un santuario dedicado a las musas, adornado con estatuas de las diosas, un altar, un jardín, y diversas habitaciones. El “mouseion” tenía como rector a un sacerdote que combinaba la vida religiosa con la ciencia y la literatura. Después de todo el nombre aludía a las musas, que bajaron a la tierra para inspirar y crear el arte, el saber y la elocuencia.

Actualmente, los museos siguen dando prestigio a las ciudades donde se construyen. Ahí se exhiben colecciones de objetos artísticos, científicos o históricos que muestran la cultura y las tradiciones de distintos pueblos y épocas. Mnemosyne, la memoria y madre de las musas; se encarga de proteger este sagrado templo que nos permite contemplar, por un momento, los valores de los pueblos que producen los objetos coleccionados.

                                           

28 mayo 2012

La educación en la antigua Grecia


Todo pueblo necesita de la práctica de la educación para transmitir sus valores físicos y espirituales. Para los antiguos griegos, la paideia era la base de la educación, y era importantísima, ya que dotaba a los varones de un carácter verdaderamente humano.  
El maestro griego no sólo enseñaba habilidades o técnicas, sino también ayudaba  a los estudiantes a formarse moral y espiritualmente dentro de su comunidad, con el fin de que se convirtieran en ciudadanos perfectos que supieran gobernar y ser gobernados con justicia. Así pues, la polis griega era la encargada de delimitar el ideal de paideia para cada comunidad.
Pero ¿quiénes eran los hombres que se veían modelados con esta paideia? Debemos recordar que el sistema de producción de los antiguos griegos era esclavista. Los esclavos eran necesarios para cubrir las necesidades materiales de su sociedad, mientras los hombres libres, excluidos de los trabajos pesados, dedicaban su tiempo y energía al ocio. Sí, al ocio que les permitía la contemplación y la reflexión, por lo que el ocio se convirtió en uno de los ideales de la cultura griega.
Y así apareció la “schole”, término griego que designa el ocio o descanso, aquello que se hace durante el tiempo libre y, más concretamente, aquello que merece la pena hacerse, por lo que acabó significando “estudio”, pues los griegos amaban y disfrutaban del estudio; para ellos, estudiar valía la pena, pues los convertía en buenos ciudadanos. Posteriormente el término “schole” dio origen a la palabra escuela.
Se sabe que en la mayor parte de la historia griega, la educación fue privada, salvo en Esparta. Los niños de familias adineradas eran cuidados por un paidagogos, un esclavo doméstico designado para esta tarea que acompañaba el chico todo el día.
Los niños varones entraban en la escuela al cumplir siete años, Aprendían a leer, escribir y citar la literatura, de donde tomaban a los héroes que les servían como modelo de imitación. También aprendían a cantar y tocar un instrumento musical, y a entrenarse como soldados para el servicio militar.
A los doce años de edad, algunos jóvenes seguían su educación, a la que agregaban deportes como la lucha, la carrera, el lanzamiento de disco y de jabalina. A los 18 años, empezaba su entrenamiento militar en el ejército por uno o dos años.
Los estudiantes más ricos proseguían su educación estudiando con maestros famosos. Algunas de las mayores escuelas eran el Liceo, fundada por Aristóteles y La Academia, fundada por Platón. Una parte crucial de la educación de este muchacho era el aprendizaje que podía incluir el amor pederástico. El muchacho aprendía, acompañando a su maestro, a hablar de la política en el ágora, a ejercitarse en el gimnasio y a convivir en los simposios o banquetes. 

                                           La Academia de Atenas
La educación griega estaba destinada a formar hombres, destinados no para trabajar, sino para convertirse en activos ciudadanos de la polis. Actualmente, la educación escolar busca formar buenos trabajadores, aunque no tengamos tiempo para el ocio y desconozcamos nuestros deberes y obligaciones como ciudadanos.





25 mayo 2012

Oriente y Occidente, dos miradas distintas.


 Pareciera que el hombre es el mismo en cualquier lugar, pero las culturas que lo conforman y, por supuesto, su medio geográfico, lo obligan a mirar el mundo, su universo, con distintos ojos. Existen grandes diferencias entre la cosmovisión oriental y la occidental, origen del choque entre ambas culturas.
El hombre, desde el principio de los tiempos, ha observado la naturaleza y sus fenómenos: las estaciones del año, el movimiento de los astros, los ciclos agrícolas, etc, y se ha situado a sí mismo dentro de estos ciclos, como un ser más que experimenta los cambios propios de la madre naturaleza; es decir, ha sido consciente de que comparte, con el resto de la naturaleza, el tiempo cíclico que rige su vida.
Debido a este tiempo cíclico, sabe que nada es permanente, ni siquiera la muerte. Sabe que existen diversas oportunidades para completar la meta de su vida. Es por eso que se encuentra inmerso en un ciclo de reencarnaciones, parecido al ciclo de las estaciones del año que regresan continuamente. El hombre es insignificante comparado con el universo. Todo su entorno es sagrado. Éste es el pensamiento del hombre nacido en el Oriente, pensamiento del hombre “antiguo”, que ha permanecido a través de los siglos.

 Ouroboros: serpiente que se muerde la cola. Símbolo del eterno retorno

El hombre “moderno”, occidentalizado, en cambio, se coloca en el centro del universo, concibiéndose a sí mismo como el amo y señor de su entorno. “El hombre es la medida de todas las cosas” aseguraba Protágoras (sofista del siglo V). No en vano Dios creo al hombre para domeñar sobre las bestias de la creación y sobre todo su entorno, rezaba la Biblia. Este hombre espera vivir una vida incomparable, una vida que valga la pena haber sido vivida, pues sólo tiene una vida para demostrar quién es. Espera, asustado, el final de su mundo, la destrucción, el apocalipsis. Concibe su vida en forma lineal: nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte. Tiene una única oportunidad de demostrar quién es. Hereda el protagonismo de los antiguos héroes griegos como Aquiles, Teseo, Jasón, Perseo y Orfeo, entre otros, que logran hazañas inimaginables, convirtiéndose en paradigmas de valentía, en ejemplo de hombres que logran cumplir su destino y conquistar el cielo, los Campos Elíseos. Al centrarse en sí mismo, olvida lo sagrado de su entorno. El hombre oriental, en cambio, sabe que sus héroes, Rama y Krishna, por ejemplo, son tan sólo reencarnaciones de Vishnu. 

                     El héroe griego Perseo con la cabeza de Medusa

Los griegos nos heredaron una visión antropocéntrica del universo. En eso radica la occidentalización del mundo (entre otras cosas), que se llevó a cabo a partir de que el mithos cediera su lugar al logos; a la pérdida del pensamiento sagrado enraizado en la comprensión del cosmos como cíclico.
El mundo occidental, afianzado desde este momento en el logos, termina siendo objetivo, lógico, universal, científico; en cambio el oriental seguirá siendo subjetivo, emocional, personal, de creencias y fe, de mitos. El primero resuelve las preguntas de cómo; el segundo, de por qué. Mientras el occidental busca conquistar el mundo, el oriental busca conquistarse a sí mismo.
El hombre en Oriente tiene tendencia a vivir lo más posible en lo sagrado. Lo sagrado equivale a la potencia y, en definitiva, a la realidad por excelencia, a la perennidad y eficacia. El hombre en Occidente vive en lo profano. La oposición sacro-profano se traduce a menudo como una oposición entre real e irreal o pseudo-real. Para este mundo oriental, aún no llega el tiempo de la “muerte de Dios”, como diría Nietszche con respecto al mundo occidental.
El arte es prueba de estas diferentes cosmovisiones: En Oriente, el arte  se halla intrínsecamente ligado a lo sacer, su imagen es de aquél de quien es imagen. Es necesario para conseguir el poder sagrado para vivir. Por el contrario, el arte en Occidente, es emanación o proyección de la personalidad individual de quien la realiza. Y el arte queda connotado socialmente como “improductivo”, como un valor suntuario destinado al goce hedonista. 
Para el occidental, el mundo es lógico, estandarizado, absoluto, verdadero, práctico, lineal, al grado que continuamente va “progresando”. En cambio, para el oriental, el mundo es relativo, simbólico, místico, especulativo, tradicional, cíclico.
Defender las creencias de cada mundo ha producido comportamientos violentos. El mundo occidental cree que es mejor el razonamiento lógico; el oriental, la fe. Al final de cuentas, ¿valdrá la pena indagar quién tiene la verdad?


05 marzo 2012

Matrimonio después de la muerte


El minghun es una tradición rural China poco conocida. El término significa “ceremonia de boda oscura o infernal”. Existía ya desde los tiempos de la segunda dinastía China (1766-1122 a.C.). También es conocida con los términos chinos de qianzang que significa reentierro o jiashang que significa casar a los que han muertos jóvenes. A pesar de los esfuerzos del régimen comunista por erradicar dicha práctica, sigue existiendo todavía hoy día.

La cultura china ha practicado, desde épocas antiguas, el culto a los antepasados, que consiste no sólo en honrar a sus muertos; sino también en procurarles bienestar en su “otra vida”. Podemos apreciar un ejemplo de estas costumbres en la tumba del primer emperador Qin Shi Huang, que contenía una reproducción de  su palacio,  rodeado de su ejército hecho de terracota.


El matrimonio, según la tradición china, proporciona paz y felicidad a los hombres, así que morir soltero es una desgracia, por lo que la familia del difunto deberá hacer todo lo posible para brindarle una compañera para la vida eterna. Esta esposa es popularmente conocida como “novia fantasma”. Los padres del occiso buscan a una familia que haya perdido recientemente a una hija con el fin de que compartan la vida de ultratumba.

Una vez acordada la unión de los novios y el intercambio de presentes, se procede a desenterrar a los novios para realizar la ceremonia de bodas: ritual de matrimonio, música, fiesta, comida, todo tal cual si se tratara de una boda entre vivos, para terminar con el nuevo enterramiento en conjunto y que pasen una luna de miel eterna en el ‘Más Allá’.

Si al momento de fallecer no hay una pareja disponible o los padres no  tienen el dinero suficiente para la fiesta y los presentes de boda, el hijo es enterrado con una figura hecha de paja o de tela, que representa  a una novia y que será intercambiada por una de carne y hueso cuando sea posible.

Hoy día, algunas personas han visto en esta tradición un negocio seguro, y se han dedicado a desenterrar cadáveres de jóvenes sin el consentimiento de sus familiares y los han vendido a familias con un hijo muerto soltero, fijando el precio de acuerdo con la belleza de  la mujer fallecida, ya que mientras más bella haya sido en vida, más dicha proporcionará en la muerte.

Desgraciadamente, el negocio negro de “novias fantasmas” ha mudado desde los años noventa hacia el crimen. Ya no sólo desentierran para cerrar un gran negocio, ahora asesinan a mujeres para proporcionar felicidad a los difuntos y, de paso, hacer un negocio redondo.

Pareciera que estas prácticas nupciales son descabelladas a los ojos de la cultura occidental; sin embargo, en Francia, existe una curiosa y antigua ley en desuso que autoriza al presidente a consentir casamientos entre personas vivas y muertas. Tal es el caso de la artista neoyorquina Shishaldin, quien solicitó formalmente al gobierno de Francia, mediante una carta a su presidente Jacques Chirac, el permiso para casarse póstumamente con Isidore Ducasse, mejor conocido como el conde Lautréamont en 2004, 134 años después de la muerte del poeta. Shishaldin deseaba defender el matrimonio como la unión de almas y mentes, un matrimonio entre el arte y la literatura.

                         "Bello como el encuentro fortuito entre un paraguas
y una máquina de coser sobre una mesa de disección"
Conde Lautréamont